Arzobispo de Buenos Aires: «Los pobres son los nuevos crucificados» – Perfil

El teólogo Jorge García Cuerva destacó la relevancia del Vía Crucis en el contexto argentino actual: «Las palabras de Jesús desde la cruz, ese ‘Dios mío, ¿por qué me has abandonado?’, es el clamor familiar, individual y colectivo de muchísimos hermanos». En esa misma línea, en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190) y Radio Amadeus (FM 91.1), señaló que «la inflación es el impuesto de los pobres».

Jorge Ignacio García Cuerva, a los 49 años, se convirtió en obispo y a los 55 en arzobispo de Buenos Aires y primado de Argentina. Estudió Filosofía, Teología y Derecho canónico. Se transformó en abogado, luego de ejercer la pastoral carcelaria y ser capellán en varios centros penitenciarios de la provincia de Buenos Aires. Desde que se recibió en su ordenación sacerdotal, que fue en el año 1997, dedicó su vida a los pobres, principalmente a La Cava y al Talar de Pacheco. García Cuerva nació en Río Gallegos el 12 de abril de 1968 y fue obispo de esa ciudad.

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¿Encontrás algún hilo conductor entre el vía crucis y lo que le tocó vivir en las últimas épocas a la Argentina? 

Por supuesto. El otro día, el domingo de Ramos, lo celebré en la plaza de Flores y le decía a la gente que cuando escuchamos el relato de la pasión de Jesús, este año corresponde el Evangelio según San Marcos, está la sensación de que esta historia ya se conoce: a Jesús lo van a condenar injustamente se van a burlar de él, lo van a crucificar, va a morir en la cruz y va a ser sepultado.

Entonces, se cree que es una historia del pasado, como leer la biografía de algún prócer, pero, en realidad, los cristianos hacemos memoria, es decir, no es solo recordar sino actualizar el misterio y, de algún modo, identificar a Jesús con los crucificados de hoy. 

Aquellas palabras de Jesús desde la cruz, ese “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, es el clamor familiar, individual y colectivo de muchísimos hermanos que en el mundo y particularmente en la Argentina, cargan pesadas cruces. Y allí hablaba de los enfermos, de los jóvenes atravesados con la droga y el alcohol, de los jóvenes identificados con un futuro determinado con la letra C (Cárcel, calle o cementerio) y de los que sufren la crisis económica, ya que los pobres son los nuevos crucificados. 

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En el relato de la pasión aparece un personaje llamado El Cirineo, que es un hombre que venía de trabajar en el campo y que acompaña a Jesús con la carga de la cruz para hacérselo más llevadero. 

Entonces, así como actualizamos el misterio y decimos que están los nuevos crucificados, también hay que preguntarnos cuántos Cireneos existen actualmente. Es decir, aquellos hermanos que no son parte de la cultura de la indiferencia, sino que se hacen cargo de la vida de los demás y siguen creyendo en la solidaridad y el triunfo de la vida sobre la muerte que, en definitiva, es lo que se celebrará el domingo de Pascuas.

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La educación en la juventud como punto de partida

Hace pocos días, en el marco del inicio del nuevo ciclo lectivo, incitaste a los jóvenes a que no dejen de soñar y dijiste: “Todos los que queremos una Argentina solidaria y buena, somos muchos más que los corruptos, los egoístas o los narcos”. Vos conocés más que nadie la realidad social de lo que llamaste “los nuevos crucificados”. ¿Qué creés que hay que hacer una vez que nos convenzamos de que somos más?

Si nos convencemos de que somos más y que queremos una Argentina que sea mejor, debemos ponernos de acuerdo en dos o tres puntos y dejar de pelearnos. A veces del éxito de los que buscan el mal está en juntarse y organizarse, como lo hacen los narcos para fijar precios y zonas.

Hay una frase que muchas veces me da vuelta: “Lo único que tienen que hacer las personas buenas para que el mal avance es nada”. Debemos dejar de buscar siempre las diferencias y buscar puntos de encuentros con políticas de Estado. Por caso, la educación es la única herramienta que nos saca del núcleo duro de la pobreza. A partir de eso, debemos unirnos y  sostener a los que están cayendo con la crisis económica, y cada uno lo hará a su manera. La Iglesia está en la asistencia y el acompañamiento, al lado de los pobres. Y los políticos deberán pensar las políticas económicas. Es decir, hay que cambiar el corazón y decir “me junto con el distinto” porque, en definitiva, también quiere un mundo mejor.

Javier Milei y Papa Francisco
Javier Milei y Papa Francisco.

Vos citaste la frase una frase del Papa Francisco invitando a los políticos “a poner un rostro humano a la economía porque los humanos que más sufren tienen nombre y apellido”. A casi 110 días del nuevo gobierno, ¿qué rostro estás viendo?

En realidad no evalúo este gobierno o el anterior, en términos de que la situación social es muy complicada desde hace mucho tiempo y creo que todos debemos hacernos cargo y no tener esta conducta adolescente de que siempre la culpa es del otro, hay que dejar de echar la culpa para afuera. 

Creo que tenemos que pensar que cuando se toman medidas, hay hermanos que son víctimas de esas medidas. Así como en un ajuste, indudablemente, son los más pobres. Por ejemplo, quien va a cargar su tarjeta sube, sabe que cada vez le alcanza menos.

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Ayer, por caso, me acerqué a comprar un remedio para el colesterol y gracias a Dios tengo la posibilidad de comprarlo, pero pagué 26 mil pesos y pensaba que hay gente que no puede, no le alcanza. Esos son los rostros humanos que tenemos que tener en cuenta. 

Siempre la inflación es el impuesto de los pobres. Y desgraciadamente parece una enfermedad endémica que nos viene acompañando desde hace muchos años. Por eso no es un tema de este o del gobierno anterior, es un tema de todos. Una preocupación grande. De saber que algunos, gracias a Dios, podemos, a pesar de la inflación, seguir viviendo, pero hay otros que con esta inflación apenas pueden sobrevivir.

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¿Querés dejar algún mensaje para esta Semana Santa?

Fundamentalmente, quiero dejar un mensaje de lo que es la alegría pascual. Yo escribí una carta pastoral este año que se llama La Revolución de la Alegría, que se la puede encontrar también en las redes sociales del arzobispado de Buenos Aires. ¿Y por qué hablo de la «Revolución de la Alegría»? Porque es mucho más fácil en este tiempo ser profetas de calamidades, decir que está todo mal y mirar siempre la parte del vaso vacío. Pero nosotros tenemos una certeza, los cristianos, los hombres y mujeres, de que Dios no nos abandona. 

Y hay una expresión de Jesús en el Evangelio de Juan que dice: “Tendrán una alegría que nadie les podrá quitar”. Bueno, hay una alegría que va más allá de las coyunturas, de la situación económica y de las dificultades cotidianas. Esa alegría tiene como fuente a Jesús resucitado.

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Por eso nos vamos a decir “Felices Pascua”, porque creemos en un Dios que está vivo, creemos en un Dios que venció la muerte para siempre, creemos en un Dios que en su cruz llevó la cruz y el dolor de tantos hermanos. Entonces, la fuente de nuestra alegría, más allá de los problemas, es Jesús resucitado, el Dios que está vivo. 

Y esto no es ni optimismo berreta ni ponernos una sonrisa de plástico, sino que es seguir sosteniendo, más allá de todo, que creemos en el triunfo de la vida. Por eso les diría a todos, más allá de los problemas, seamos capaces de mirar la realidad con esperanza y de seguir creciendo. En ese sentido, hay una frase que alguna vez le escuché a Francisco: «Lo mejor está por venir en nuestras vidas».

AO JL



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